Resección de tumores pélvicos
La resección de tumores de la pelvis ósea, con foco en sarcomas, es una de las cirugías más complejas de la especialidad. El objetivo es extirpar el tumor con márgenes seguros conservando la extremidad y reconstruyendo el anillo pélvico cuando es necesario.
Por qué es compleja
La pelvis tiene una anatomía tridimensional difícil, rodeada de vasos, nervios y órganos. Lograr márgenes oncológicos y a la vez preservar la función exige una planificación muy precisa y, con frecuencia, un equipo multidisciplinario.
Como en cualquier sarcoma, el trayecto de la biopsia previa se retira en bloque junto con el tumor. Por eso la biopsia debe planificarla el equipo que realizará la resección, en línea con la vía de abordaje prevista: en la pelvis, un trayecto mal ubicado puede contaminar compartimentos vecinos y obligar a una resección mayor.
Cuando es oncológicamente seguro, se conserva la extremidad (hemipelvectomía interna) en lugar de amputar.
No todas las resecciones son iguales
La necesidad de reconstruir depende de qué parte de la pelvis se extirpa. Cuando se reseca una zona que no soporta el peso del cuerpo —por ejemplo parte del ala ilíaca o la rama del pubis—, muchas veces no hace falta reconstruir y el resultado funcional es muy bueno.
En cambio, cuando la resección compromete el acetábulo (la cavidad donde se articula la cadera), se interrumpe la transmisión del peso desde la columna hacia la pierna y es necesario reconstruir esa continuidad para poder volver a caminar.
Planificación 3D e implantes a medida
A partir de la tomografía y la resonancia se reconstruye la pelvis en 3D para planificar los cortes que dejan el tumor con un margen seguro, respetando vasos y nervios.
Prótesis diseñadas específicamente para la anatomía y el defecto de cada paciente a partir de sus imágenes.
Plantillas impresas en 3D que se apoyan sobre el hueso en el pabellón y trasladan exactamente la planificación, permitiendo cortes precisos según el margen previsto.
Reconstrucción y recuperación
Según la zona resecada, el anillo pélvico puede reconstruirse con implantes a medida, aloinjerto u otras técnicas que devuelven la conexión entre la columna y la extremidad. La rehabilitación es prolongada y se adapta a cada caso; recuperar la marcha es un proceso de meses.
Riesgos y consideraciones
- Cirugía mayor con riesgos de sangrado, infección y problemas de cicatrización.
- Lesión de nervios de la pelvis o la pierna, con debilidad o pérdida de sensibilidad.
- Compromiso de la función urinaria, intestinal o sexual, según la cercanía del tumor a la vejiga, el recto y los nervios pélvicos; cuando es necesario, la cirugía se realiza junto a urología, cirugía vascular o coloproctología.
- Cojera, diferencia de largo de las piernas o necesidad de apoyo para caminar, según la reconstrucción.
- Rehabilitación prolongada.
- Recurrencia local y riesgo de metástasis, según el tipo y el grado. En la pelvis una recurrencia local es bastante más difícil de rescatar que en una extremidad, y por eso el margen de la primera cirugía pesa tanto.
Decisión compartida
La indicación de operar se toma en conjunto: conversamos el diagnóstico, los objetivos del tratamiento, los beneficios esperables, los riesgos y las alternativas. La cirugía no garantiza un resultado; busca controlar el tumor preservando la mayor función posible.
Esta información es de carácter educativo y no reemplaza una evaluación médica. Cada caso requiere un estudio y un tratamiento individualizados, y ninguna cirugía garantiza un resultado.
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